minientrada La australiana que demuestra que se puede vivir sin dinero

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Jo Nemeth construyó su propia estufa para evitar el uso del gas o la electricidad. Foto tomada de su cuenta de Facebook, Jo LowImpact


La australiana Jo Nemeth renunció a su trabajo, se mudó a una granja y empezó a vivir evitando el consumo.


Jackeline Beltrán

La última vez que Jo Nemeth compró algo para comer fue en la cena navideña del 2014 con sus amigos. Tres meses después, esta australiana de 47 años empezó a vivir sin dinero. Antes de eso vivía con su esposo y su hija, era gerente de un programa de desarrollo comunitario, tenía un sueldo bueno y llevaba -dice ella- una buena vida.

Un año antes, el día de su cumpleaños estaba en cama enferma y leyendo un libro llamado Changing Gears, que cuenta la historia de una pareja de Melbourne que sale en bicicleta a recorrer la costa este de Australia y en el camino ve a gente que ha encontrado otras formas de llevar una vida más simple.

Antes de llegar a la última página, Nemeth ya sabía lo que quería hacer en su nuevo año de vida. La historia que tenía entre sus manos era el impulso que le faltaba para arriesgarse a algo que ya rondaba en su cabeza desde antes: empezar una vida de bajo impacto.

El bajo impacto es un estilo de vida. El que lo practica busca reducir su huella ambiental, es decir consumir menos, contaminar menos, aportar al medio ambiente. Y todo eso tiene que producir satisfacción personal.

El momento para Jo llegó un día de febrero de 2015. Su única regla: no utilizar recursos que se produzcan sólo en su propio beneficio. Renunció a su trabajo, dejó la casa que alquilaba y se mudó a una granja de un amigo en Lismore, al noreste de Nueva Gales del Sur. Su esposo no quería vivir sin dinero y prefirió alejarse. Su hija, de 20 años, se casó. Desde la casa de ella, sentada en el piso y con el ordenador enchufado a su panel solar de carga, le cuenta a PAPEL cómo ha sido el primer año de este experimento.

– ¿Después de 16 meses de vivir sin dinero, crees que hay algo que sí sea necesario consumir para vivir bien?

– Creo que mientras tenga un lugar para vivir y cultivar mi comida, en realidad no hay mucho más que necesite y que no pueda encontrar con un poco de creatividad.

Ahora mismo no tiene un hogar fijo. Después de vivir poco más de un año en la finca, estuvo unos meses en la casa de una amiga, mientras ella estaba ausente. Está decidiendo a dónde moverse. Está un poco nerviosa, lo admite, pero le tranquiliza saber que tiene buenos amigos a los que puede visitar.

Jo sonríe cuando habla y sonríe más cuando explica las cosas que ha aprendido en este año. Hace tres días se quedó sin leche. Era algo que temía. Las bebidas lácteas, dulces y calientes están entre las pocas adicciones que dice tener. Ahora toma té, aprende a disfrutar del té, como ha aprendido a disfrutar de las cosas que pasan cuando alguien decide que no quiere vivir más del consumo.

Pasa, por ejemplo, que hay que aprender a cultivar alimento propio. Eso no ha sido un problema para ella -tiene un huerto muy colorido, con legumbres, tomates, hortalizas-. También rescata productos de contenedores, de esos que se tiran pero están en buen estado. “Como lo que cultivo, lo que encuentro o me dan… La alimentación de bajo impacto es una aventura gastronómica”, describe en el blog que creó para contar sus experiencias.

Tampoco ha sido mayor problema pedir a sus conocidos que le dejen los restos que ellos ya no piensan usar. Como las servilletas manchadas de café, pero nuevas, que en la cafetería de un amigo iban a parar a la basura. Las usa como papel higiénico. O como las barras de jabón y shampoo que se ponen en los hoteles. Y así ha acumulado todos los artículos que necesita para su cuidado diario.

Se baña con regularidad utilizando una ducha solar y almacena agua de la lluvia para ahorrar. No ha cocinado en casa – construyó una estufa con un montón de ladrillos viejos-, no ha usado la televisión, le gusta hacer autostop y se viste con la ropa que tenía o la que recupera antes de que vaya a la basura.

Con las necesidades básicas solucionadas tuvo que ingeniarse para no privarse de otras cosas, que aunque suenen a consumo, son parte de la vida cotidiana, como internet. Lo usa cuando visita a sus amigos y sobre todo en la biblioteca local. Decidió conservar su ordenador, pero intenta no usar electricidad. La energía solar es su gran aliada.

– ¿Cuánto tiempo más podrás vivir así?

– Me gusta vivir de esta manera y me siento mejor al disminuir mi impacto en la tierra, por lo que me gustaría hacerlo para siempre. No sé si esto es posible, así que por lo menos voy a vivir con el más bajo impacto que pueda y que me resulte cómodo.

Captura

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