minientrada John Logie Baird, el creador de la televisión y los calcetines impermeables

Este ingeniero escocés realizó el 26 de enero de 1926 la primera demostración pública de su nuevo aparato: el televisor

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Este ingeniero escocés realizó el 26 de enero de 1926 la primera demostración pública de su nuevo aparato: el televisor

John Logie Baird ya había realizado las primeras emisiones en pruebas de televisión en septiembre de 1929 con su Baird Television Development Company Ltd., la primera compañía de televisión del mundo que había fundado este ingeniero escocés de 37 años, y la BBC (British Broadcasting Corporation), pero fue tal día como hoy hace 90 años cuando se realizó la primera demostración pública. Aquel 26 de enero de 1926, John Logie Baird fue capaz de llevar a cabo el paso culminante de uno de sus proyectos: hacer que funcionara un sistema real de televisión mecánica ante una audiencia.

La imagen era perfectamente reconocible para la audiencia, un grupo de científicos de la Royal Institution británica, un periodista de «The Times» y algún que otro privilegiado invitado. La crónica, publicada en la edición del jueves 28 de enero, se llamaba «El ‘Televisor’», con remarcadas comillas de extrañeza, «una prueba exitosa de un nuevo aparato».

La crónica contaba lo siguiente: «La imagen transmitida era difícil de ver y a menudo borrosa, pero suficiente para sostener que el ‘televisor’, que es como Baird ha llamado a su aparato, sea capaz de transmitir y reproducir instantáneamente detalles de movimientos, y otros detalles como el movimiento de la expresión facial». No está claro si en esa ocasión Baird utilizó a «Bill», la marioneta que solía exhibir en sus demostraciones.

En efecto, el periodista de «The Times» fue lo suficientemente hábil como para intuir que aquel televisor iba a ser un invento importante, aunque se cubrió la espaldas con una frase que leída noventa años después suena un poco peor que entonces: «Todavía queda por verse hasta qué punto los posteriores desarrollos llevarán el sistema de Baird hacia un uso práctico».

Aquella exhibición de 1926 fue uno de los numerosos pasos que llevaron a Baird a ser considerado uno de los pioneros de la televisión. Unos meses más tarde consiguió emitir imágenes desde Glasgow hasta Londres, y dos años después hizo lo propio pero cruzando el océano Atlántico, desde Londres hasta Nueva York.

El ingeniero John Baird en su estación de televisión transatlántica en 1927
El ingeniero John Baird en su estación de televisión transatlántica en 1927– ABC

Para lograr su primer éxito, Baird se apoyó de conocimientos extraídos de avances previos, como el llamado disco Nipkow, que en 1884 patentó el estudiante alemán Paul Nipkow, y que consistía en el primer sistema de televisión electromecánico.

En 1927, tan solo un año después de esa primera imagen, Baird logró transmitir una señal de Londres a Glasgow, a través de un cable de teléfono, y, en 1928, su empresa, Baird Television Development Company, consiguió la primera señal de televisión transatlántica entre Londres y Nueva York.

El 21 de agosto de 1927, Blanco y Negro publicó un reportaje que, bajo el título de «Maravillas de la Ciencia. Televisión y noctovisión, dos grandes prodigios que son o serán realidades muy pronto», trataba en profundidad el invento del ingeniero Baird. Es interesante comprobar la visión de la televisión ese año: « El cinematógrafo, gracias al cual contamos hoy con un elemento de distracción sumamente interesante, nos ofrece tan sólo la visión de una escena. Nos permite ver que una gran actriz habla, mas no podemos oirla. La radiotelefonía, por el contrario, nos proporciona la audición de la voz, del canto, de la música, pero nos impide ver la acción de la escena, los movimientos y gestos del actor, su expresión cómica o trágica, etc.

Necesitamos un medio, un procedimiento que haga posible ambas cosas simultáneamente. La constancia y el ingenio de un hombre ha consumado, después de vencer numerosas dificultades, el sueño de dejarnos ver a distancia la expresión y los movimientos de una cara y que podamos ser testigos de algo que sucede muy lejos. Este hombre es Baird, y su invento admirable, la Televisión».

Ese logro se consideró la primera demostración realizada a nivel mundial de la televisión: la posibilidad de «ver a distancia», que revolucionaría las comunicaciones, la sociedad y la cultura.

En 1929 su sistema de barrido mecánico de 240 líneas, con el que la imagen se volvió mucho más nítida, fue adoptado experimentalmente por la BBC y alrededor de 1930 se comercializó el modelo de televisor «Plessey», con el cual los espectadores británicos podían seguir las emisiones de la época.

También por entonces, la oficina de Correos de Alemania trabajaba por su cuenta en un sistema de emisión de televisión basado en su modelo electromecánico y sus servicios técnicos fueron requeridos por científicos alemanes para conseguir que aquél fuera el primer país en disponer de una red de televisión por cable.

Posteriormente, en 1935, la BBC se decantaría por el sistema de televisión Marconi, totalmente eléctrico, dejando de lado la variante mecánica del ingeniero escocés, quien continuó investigando.

Durante los años de la II Guerra Mundial, Baird se centró en el desarrollo de la televisión en color, y el 16 de agosto de 1942 realizó la primera demostración pública de un tubo electrónico de tonalidades, según recuerda Efe.

Para desarrollar su «tele», Baird se sirvió de fondos económicos que obtuvo mediante otro de sus inventos, unos calcetines químicamente impermeables, destinados a que los pies de los soldados se mantuvieran calientes en las trincheras, que ideó en 1917.

Nacido el 14 de agosto de 1888, el más joven de cuatro hermanos e hijo de un reverendo escocés, a Baird se le conocía desde niño un ávido interés por la tecnología y la ciencia. Fue un hombre inquieto y emprendedor, que se atrevió con negocios variopintos antes de inventar el televisor.

Tras lograr un considerable éxito con la «tele», al ingeniero escocés le ofrecieron comprarle la participación de su propia compañía por 100.000 libras, oferta que rechazó al argumentar que sería incapaz de dormir por la noche sabiéndose poseedor de tal fortuna.

Después de la televisión, se centró en instalar equipamiento de transmisión en aparatos militares y en desarrollar pantallas grandes de televisores.

Baird falleció en Bexhill-on-Sea (East Sussex, Inglaterra) el 14 de junio de 1946, por un accidente cerebrovascular. Setenta años después de su muerte, continúa siendo reconocido como uno de los diez científicos escoceses más grandes de la historia.

Aquella proyección en un ático de Londres hace 90 años cambió la forma en la que veríamos el mundo. Literalmente.

ABC

 

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