Los alimentos más difíciles de digerir

A los alimentos grasos y muy azucarados se suman otros que, pese a su perfil saludable, también pueden resultar indigestos

Por Maite Zudaire

Muchas veces hablamos de comidas o cenas “pesadas”, de ciertos alimentos que nos resultan irresistibles pero que a la vez nos sientan fatal al estómago, dan dolor de tripa o generan muchos gases y una incómoda hinchazón abdominal, incluso ardor y reflujo. Más allá de que cada persona es un mundo y de que hay intolerancias específicas, en este artículo se listan los alimentos más difíciles de digerir en términos generales y se explica por qué ciertas comidas tardan más tiempo en digerirse que otras.

Hinchazón abdominal, dispepsia, digestiones pesadas y lentas. Dolor abdominal, gases, reflujo, estreñimiento o diarrea. Estos síntomas nos advierten de alguna alteración digestiva. Puede tratarse de una intolerancia alimentaria sin diagnosticar (o sin una adecuada pauta dietética), o puede indicar debilidad funcional de algún órgano digestivo. Y es que en una lenta o mala digestión está implicada la disfunción de alguno (o varios) de los distintos órganos que participan en el proceso: desde la dentadura y el estómago, hasta el páncreas, el hígado, la vesícula o los intestinos.

Seis alimentos de naturaleza indigesta

A continuación se enumera una serie de alimentos de consumo cotidiano que, por lo general, resultan más indigestos que otros. Más allá de los de naturaleza grasa o en exceso azucarada -fáciles de asociar a un carácter indigesto-, sorprenden en este listado algunos alimentos considerados muy saludables que, pese a serlo, están contraindicados en determinadas dolencias digestivas mientras estas persistan.

  • 1. El huevo duro y en tortilla. En ambas preparaciones, la yema (la parte que concentra las grasas, es decir, los componentes más indigestos) está coagulada. Así, cuajada, es más difícil de digerir, ya que requiere más trabajo enzimático y biliar que si no lo está. Una alternativa más liviana es optar por el huevo pasado por agua, escalfado o incluso frito en aceite de oliva, siempre que se sirva bien escurrido.
  • 2. Bechamel y productos elaborados con mezcla de harinas, mantequilla y leche, como croquetas, rellenos o bases de repostería y bollería. La mantequilla, al cocinarse, resulta muy indigesta, algo que ocurre en este tipo de recetas de uso y consumo demasiado frecuente en muchos hogares. Esta materia grasa no es idónea para cocinar, dado que por encima de 90 ºC, la mantequilla se quema y se forma acroleína, una sustancia que se asocia a irritación de la mucosa gástrica.
  • 3. Alimentos fritos en aceites recalentados, viejos, estropeados o de mala calidad. En estos casos se generan potentes sustancias irritantes de la mucosa gástrica, como la acroleína. Por eso se debe evitar tomar fritos o pinchos en bares y restaurantes en los que, al entrar o al acercarse a la puerta de la cocina, se desprende cierto olor a fritanga, a aceite recalentado. Además, las frituras y los alimentos fritos con aceites recalentados pueden ser fuente de grasas trans en la dieta. No obstante, también durante el proceso de fritura, al calentar cualquier aceite vegetal, se produce acroleína, pero el impacto será menor cuanto más se cuide la elaboración de una buena fritura, si bien es aconsejable un consumo puntual y comedido de todo tipo de alimentos fritos, desde croquetas y empanados, hasta rebozados, patatas fritas y demás snacks fritos.
  • 4. Conservas de pescado azul en aceite, tipo sardinillas, anchoas o caballa. Son alimentos de naturaleza grasa, además de ricos en histamina, y están conservados en un líquido graso, por lo que su digestión es más exigente. Conviene tenerlo en cuenta en caso de estómagos delicados, gases o hinchazón abdominal, o entre quienes sufren migrañas o cefaleas. En estos casos, puede ser recomendable reducir la cantidad de la ración, o reservarla para las comidas matutinas, pero no para las cenas, ya que puede resultar más pesado.
  • 5. Zumo de naranja, en ayunas. La naranja, y de manera especial si se toma en zumo por las mañanas, es de naturaleza colagoga: puede provocar un vaciamiento brusco de la vesícula biliar que se acompaña de molestias más o menos intensas como náuseas o pesadez abdominal, e incluso dolor. Esta sintomatología manifiesta debilidad o lentitud en el trabajo digestivo de hígado y vesícula biliar.
  • 6. Leche y productos lácteos. Muchas son las personas que sufren intolerancia a la lactosa (o azúcar de la leche), o no toleran alguna de sus proteínas, en caso de histaminosis alimentaria a la leche. El resultado es un cuadro de malestar digestivo (como las náuseas matutinas, ya que es costumbre tomar un lácteo en el desayuno, gases o hinchazón abdominal) que, en muchos casos, condiciona la calidad de vida.

Tiempos de digestión: entre 2 y 10 horas

En cuestión de digestión lenta, hay alimentos que, por su particular composición, el organismo los digiere en unos tiempos más pausados. De ese modo, se evita una liberación brusca de histamina por parte de las células corporales, que puede provar molestias, en particular a personas sensibilizadas a ciertos alimentos.

Si hablamos de tiempos de digestión, hay notable diferencia entre unos y otros en términos generales: un alimento puede tardar en digerirse desde 2 hasta 10 horas, e incluso días. En este proceso complejo de atravesar los nueve metros de conducto digestivo, desde la boca hasta el ano, influyen muchos factores: desde la cantidad de alimento ingerida, su estado -líquido o sólido-, su composición -proteínas, grasas, hidratos, fibra- o el modo de preparación previa y cocinado, pero también incide la edad de quien lo come o su estado de salud digestiva (boca, estómago, páncreas, hígado, vesícula, y no solo los intestinos).

Así, un pescado cocido, un arroz blanco o un huevo pasado por agua se digieren rápido, en menos de 2 horas. El doble de tiempo (entre 3 y 5 horas) debe trabajar el digestivo para digerir un bocadillo de jamón, unas patatas fritas, un trozo de queso curado o un plato de lentejas. Y hasta 7 o 9 horas pueden tardar en descomponerse en sus nutrientes elementales (aminoácidos, ácidos grasos libres, vitaminas, minerales) las partes más grasas del cerdo o unas sardinillas en conserva de aceite.

El desconocimiento de este dato hace confuso interpretar un síntoma de malestar digestivo, en particular a quienes sufren intolerancias alimentarias o histaminosis alimentaria, que suelen acusar de manera más persistente e intensa las molestias digestivas. Si los síntomas aparecen por la tarde, no solo hay que pensar en qué se ha comido que pueda explicar el malestar, sino en qué se ha ingerido desde el desayuno. De igual modo, si la sensación de pesadez o hartazgo aparece a lo largo de la mañana, más que reparar en los desayunos, cabe pensar en la cena del día anterior, e incluso en la merienda.

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