El Colón del Pacífico Andrés de Urdaneta

Andrés Urdaneta (490 x 350)

Andrés de Urdaneta

A Mediados del siglo XVI se había circunnavegado el mundo, pero América seguía tan desconectada de Asia como lo había estado de Europa hasta 1492. Filipinas se perfilaba como la gran cabeza de puente para el futuro comercio de las Indias hacia Europa a través de América, con lo que finalmente se realizaría el sueño de Cristóbal Colón. Las islas habían sido descubiertas por Fernando de Magallanes, quien halló la muerte en la de Mactán, y la empresa circunnavegadora fue culminada por Vasco Núñez de Balboa con su desembarco en Sevilla tras tres años de viaje.

Pero el océano Pacifico permitía los viajes en un solo sentido gracias a los vientos alisios. Éstos hacían relativamente fácil atravesar el inmenso océano en unos dos meses hasta las islas Filipinas, pero la vuelta era imposible, por los débiles vientos, cuando no la calma chicha, que paralizaba las embarcaciones. Las expediciones de Saavedra, Villalobos y otras tres más lo habían intentado, pero ninguna consiguió su objetivo: cuando no era la imposibilidad de avanzar, era el temible escorbuto el responsable del fracaso, a menudo coronado con la muerte.

Galeon de manila

Galeón de Manila

A fin de cuentas el descubrimiento de América había sido inútil en su objetivo primario, encontrar una nueva ruta que permitiera el comercio de las especias de occidente a oriente. Portugal continuaba teniendo el absoluto monopolio de este comercio, que no podía realizarse a través del Pacífico por más estrechos de Magallanes que se hubieran descubierto, y las especias arribaban a Europa por el cabo de Hornos, de navegación privativa de los portugueses en virtud el tratado de Alcáçovas.

Andrés de Urdaneta (1508-68) fue el genio que resolvió un problema de navegación que trascendía con mucho el aspecto comercial. Navegante, aventurero, militar, cosmógrafo, religioso, hombre de ciencia, pero a la vez ilusionado soñador, fue capaz de intuir el camino para resolver un problema ya entonces casi secular gracias a las observaciones y la experiencia de toda una ajetreada vida.

¿Quién era Urdaneta? Sin duda su gran hazaña no hubiera podido realizarse sin una vida previa anterior, jalonada por la aventura y el conocimiento. Nacido en Ordizia (entonces Villafranca de Oria), en Guipúzcoa, forma parte de esa raza de marineros que tanto ha prodigado Euskadi. De hecho, fue el primero en repetir la vuelta al mundo, precisamente bajo las órdenes del que había culminado la primera, Vasco Núñez de Balboa, marino vasco como él (1525). La expedición, destinada a disputar las islas Malucas a los portugueses, llegados a ella por occidente, había partido a las órdenes de García Jofre de Loaísa, un militar sin la debida experiencia en navegación pero con muchas amistades ante el emperador Carlos V. Núñez tuvo que conformarse, pese a la hazaña culminada unos años antes, en partir como simple lugarteniente. Las cosas ya eran entonces como hoy en esta España nuestra.

MONUMENTO A URDANETA EN VILLAFRANCA DE ORDICIA

Monumento a Urdaneta en Villafranca de Ordicia

Tres de las naves no llegaron a cruzar el Estrecho de Magallanes y sólo una, la Santa María de la Victoria, alcanzó a las Molucas, donde la tripulación tuvo que enfrentarse con los portugueses durante varios años. Realizaron numerosos descubrimientos geográficos y marítimos, pero tanto la travesía como a estancia fueron una sucesión de desastres, calamidades y deserciones. Durante el viaje murieron, entre otros, el capitán Loaísa y el mismo Elcano, y Urdaneta, su hombre de confianza, acabó tomando el mando de la expedición pese a su temprana edad de veinte años.

Fueron tiempos de supervivencia en unas islas hostiles y escaramuzas continuas contra los indios y los portugueses, que consideraban el terreno como suyo. Pero lo peor del caso fue que mientras tanto el emperador Carlos V había vendido sus derechos sobre las Molucas a Portugal, lo que hizo estériles todas las luchas y sacrificios. Llegado el momento de la retirada, tras las innúmeras vicisitudes sufridas, sólo 24 hombres de la nave superviviente regresaron a España.

Fueron años duros, pero reflexivos, y de ellos regresó hecho un hombre. Para colmo de desdichas, al regreso hizo un desembarco previo en el puerto de Lisboa, y allí le fue confiscada toda la documentación recopilada en el viaje, incluyendo los dossieres, memoria y el estudio de los rendimientos económicos de las islas: diez años de trabajo. Duro golpe para quien había hecho de la marinería el objetivo de su vida. Más aún, tuvo que salir a uña de caballo de la corte portuguesa para evitar males mayores, regresando a su tierra natal para dejar en ella a su hija Gracia, habida en una aventura romántica en las islas Molucas.

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Pero la fama de Urdaneta se había cimentado, y pronto fue requerido para una nueva expedición a las Molucas (1539), que se realizaría a las órdenes de Pedro de Alvarado, el famoso lugarteniente de Hernán Cortés en la conquista de México. Ambos estaban preparando la empresa cuando Alvarado fue requerido por el virrey Antonio de Mendoza para sofocar la rebelión de indios que había estallado en Nueva Galicia (en lo que hoy es el Estado de Jalisco, México), misión en la que encontraría la muerte. El mismo virrey y Urdaneta mantendrían diversas entrevistas en los años siguientes en relación para continuar la iniciativa de Alvarado, pero nada se siguió de ellas.

Pasó el tiempo, y un ya maduro Urdaneta tomó, a los cuarenta y cinco años, una decisión cuyas motivaciones desconocemos: hacerse religioso agustino. Así, viviendo su tardía vocación, hubiera pasado los últimos años de su vida de no ser requerido por el rey Felipe II, que deseaba consolidar su presencia en las islas Filipinas y a la vez consolidar la ruta hacia la Especiería. En palabras textuales del rey, debía “ir y regresar”. Es decir, resolver el problema del tornaviaje, que hasta entonces se resistía a los navegantes.

Rutas marítimas trazadas por Urdaneta

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DERROTAS MARÍTIMAS DE SAAVEDRA, VILLALOBOS Y URDANETA

Para la travesía se asoció con otro guipuzcoano, Miguel López de Legazpi, al que asistía como guía náutico. Tras cruzar el Pacífico desde México, la expedición se estableció en la isla de Cebú, donde se quedó Legazpi para reafirmar la presencia española en las islas, motivo principal del viaje. La parte más importante de la aventura, el tornaviaje, quedaba a cargo únicamente de Urdaneta, quien empleó para él sólo una nave, la San Agustín. Aquí fue donde Urdaneta se mostró como un gran marinero, cosmógrafo y científico. El navegante-fraile estaba convencido de que el camino para el tornaviaje debía hacerse no siguiendo una ortodrómica ni una loxodrómica, sino remontándose mucho más al norte, en busca de una corriente marina que establecería la simetría oceánica con las del Atlántico.

¿De dónde sacó esa idea? Visto a distancia, vemos que emanaba de su sólido conocimiento cosmográfico. En el norte del Atlántico las corrientes describen una circunferencia en sentido dextrorso, lo que hacía que los viajes hacia América debían realizarse por el sur, y los de vuelta por el norte; ya Colón, conocedor de este hecho, lo había aprovechado en su viaje inaugural a América. En cambio, en el Atlántico sur, el sentido de las corrientes es sinestrorso, lo que dificultaba la navegación por la costa africana y hacía preferible dirigirse primero hacia las costas brasileñas para alcanzar, describiendo un gran circunferencia, al cabo de Hornos. Urdaneta razonó que un comportamiento similar debía darse en el océano Pacífico, y acertó.

MONUMENTO A MANUEL LÓPEZ DE LEGAZPI EN ZUMÁRRAGA

Monumento a Manuel López de Legazpi en Zumárraga

Con su entusiasmo y autoridad consiguió convencer a los miembros de la tripulación de que el camino de vuelta aconsejable era por el norte, y así, partió (1565) aprovechando las corrientes cálidas que partían en esa época de las Filipinas, navegó hacia el NE hasta internarse en la corriente del Kuro-Shivo, siguiendo el paralelo 40 y dirigiéndose por él hasta las costas californianas; desde donde no tuvo más que ir descendiendo hasta Acapulco. Cuatro meses y 16 300 km duró la travesía, que abrió por fin definitivamente la gran ruta hacia las Indias Orientales y convirtió a Veracruz, puerto de llegada, en uno de los puntos mundiales de comercio más importantes.

Urdaneta tuvo que desplegar un inmenso valor y fe en sí mismo para adentrarse por unas aguas nunca surcadas antiguamente, en busca de una corriente que sus concimientos y experiencia le hacían presentir con certeza. Más o menos la misma fe que había tenido medio siglo antes Colón. Ambos navegantes supieron hallar nuevos caminos para la navegación y el comercio, enlazando por fin el mundo en su totalidad. La ruta abierta por Urdaneta sería utilizada durante dos siglos y medio, e hizo posibles las grandes navegaciones británicas del siglo XVIII por el Pacífico. Como precursor, el marino vasco no desmerece de los grandes navegantes de la época de Cook, que se sirvieron de su experiencia y hallazgos.

Urdaneta debe ser puesto al lado de los grandes marinos y descubridores de la historia. Pero, incomprensiblemente, su nombre es casi desconocido incluso para los mismos españoles, y es frecuente que reciba de los historiadores extranjeros el nombre de “el gran ignorado”. En fin, nadie es profeta en su tierra. Fuente

 

 

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