Cinco inventos que nos han vendido como futuristas y existían ya en 1950

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Aunque no te lo creas, es así: algunos de los avances tecnológicos del presente, que en la década de los 80 se hubieran considerado futuristas, en realidad fueron concebidos antes de 1950. Más que innovaciones van camino de ser reliquias intelectuales. Tal es el caso, por ejemplo, de los cohetes espaciales o del teléfono móvil que todos llevamos en nuestros bolsillos.

El primer Walkman

Seguramente aún recuerdes aquel clásico reproductor de audio que Sony lanzó al mercado a mediados de 1979. Su técnica de funcionamiento era sencilla: introducías un casete con unas cintas marrones enrolladas alrededor de dos ejes. Cuando apretabas el botón de ‘play’, los ejes se movían de forma circular, y la canción comenzaba a sonar. Con cierta frecuencia, la cinta se salía del circuito y tenías que volver a enrollarla utilizando un boli Bic.

Lo que probablemente no sabeías es que este Walkman de Sony no era más que un avance del “cinturón estéreo” que Andreas Pavel ideó en 1972, y que funcionaba mediante audífonos. Pavel siempre exigió ser reconocido como inventor único del Walkman, por lo que en 2005 Sony aceptó pagar todos los derechos que le correspondían al creador por la invención.

¿Fue un error? Es posible. Puede que Sony no hubiera echado mano a su bolsillo de haber sabido que en 1920 alguien había pensado ya en el Walkman, como demuestra un vídeo británico de la época. Tal vez se hubiera ahorrado el dinero.

No sabemos a ciencia cierta si existió el artilugio o es cosa de la ciencia ficción, pero las imágenes hablan por sí solas: aunque no existiera, ya había alguien que había pensado en ello y había tratado de llevarlo al mundo real. Quién sabe si Pavel se inspiró en esta grabación, producida 52 años antes de que él materializara su mecanismo de audio estéreo.

El primer teléfono móvil

Todo el mundo tiene uno. Y de última generación. Si no eres de esos que están conectados al mundo 24/7 a través de un dispositivo móvil con cientos de aplicaciones, eres un tipo muy raro.

Los primeros intentos de montar un teléfono móvil  se remontan en el tiempo hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando ya empezaba a ser imprescindible un sistema de comunicación a distancia. Por eso Motorola creó el ‘Handie Talkie H12-16’ (un antecesor del mítico ‘walkie talkie’). Sin embargo, un vídeo hecho bajo la producción de Eve´s Wireless demuestra que la idea de nuestros inseparables teléfonos se remonta a 1922.

Eso sí, si tuviéramos que llevar en el bolsillo esos cachivaches, más de uno se pensaría si merece la pena tanto sufrimiento: una caja (que debía de pesar lo suyo porque para sujetarla se necesitan las dos manos), compuesta por varios y largos cables que es necesario sostener sobre algún material sólido – aunque portátil -, y un auricular redondo para hablar desde cualquier parte.

Probablemente, por aquel entonces, un artilugio de este tipo no podía funcionar en la realidad. No obstante, invención o no, ya era un anticipo de lo que vendría luego.

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El primer cohete espacial

Nos engañaron. Nos hicieron creer que el hombre pisó la luna por la primera vez en 1969 y que los protagonistas de tan intrépido viaje fueron Neil Armstrong y Edwin Aldrin. Nos mintieron. Y lo hicieron más allá de las teorías conspirativas que hablan de las sombras de las fotos o el viento que movía la bandera americana en un satélite sin gravedad. Borraron una parte del pasado para que su hazaña fuera única y pionera.

Antes que ellos, y que el equipo de ingenieros que consiguieron enviar el Apolo 11 fuera del planeta Tierra, Georges Méliés ya había ideado su particular nave espacial y la había hecho colisionar contra los mismísimos ojos de la luna. Así, tal como lo oyes. Fue en 1902 con su película ‘Le Voyage dans la Lune’, ¡Y sin salir de Francia!  Aunque no fue el primero, y es que él no hizo más que una adaptación de la novela de Julio Verne – de 1865 – ‘De la Tierra a la luna‘.

Tuvieron que pasar 104 años desde que alguien tuviera una idea semejante hasta ponerla – presuntamente – en práctica. O, mejor dicho: un siglo antes de que alguien enviara un cohete espacial a la luna con personas dentro, Julio Verne ya lo había hecho a través de su literatura. Aunque hoy algunos se siguen cuestionando si lo de Armstrong y compañía fue o no otro relato de ficción.

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 El primer aparato para hacer videoconferencias

Si fuera por Julio Verne todas las tecnologías actuales hubieran sido posibles hace más de  120 años. En su obra ‘La jornada de un periodista americano en el 2889′ hace referencia a otra innovación tecnológica: el “fonotelefoto”, un aparato similar a los actuales sistemas de videoconferencia a través de internet.

Aparato con el que sería maravilloso “almorzar así, frente a frente, a mil leguas de distancia, viéndose y hablándose…”. Con el que sería posible “la transmisión de imágenes por medio de espejos sensibles conectados por cables” y que permite al protagonista de su obra “ver claramente a su esposa a pesar de su gran distancia”.

Ahora tú, ciudadano de la era hipertecnológica, imagina lo duro que resultaba, en su momento, tener lejos a un ser querido y no poder verle la cara durante largas temporadas. En eso debía estar pensando Verne cuando escribió su historia, aunque no fue hasta principios del siglo pasado – bastantes años después – cuando comenzaron a desarrollarse los sistemas modernos de videoconferencia (aún muy primitivos).

El primer coche volador

¿Quién ha visto el coche volador de Harry Potter y no ha querido subirse en él? Este es, tal vez, el invento futurista del pasado que más se echa en falta en la actualidad. ¿Por qué narices nuestros automóviles no flotan en el aire todavía si en 1949, en Italia, un automóvil impulsado con la ayuda de hélices llevó a cabo su primer vuelo de prueba?

Era apto para dos pasajeros, y tenía tres ruedas y alas que el conductor tenía que plegar y desplegar, según quisiera conducir por tierra firma o alzarse hacia los cielos.

Años más tarde, en la década de 1970, Harry A.Smolinsky y Harold Blake (presidente y vicepresidente de la empresa Advanced Vehicle Engineers), desarrollaron el AVE Mizar, otro coche volador que partía de un Ford Pinto y un Cessna Skymaster; que movía sus alas girando el volante a izquierda y derecha y utilizaba el salpicadero del coche a modo de cuadro de mandos.

Desgraciadamente no llegó muy lejos: sólo consiguió volar unos minutos antes de estrellarse, junto con sus dos creadores, que fallecieron en la tragedia.

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