¡Bienvenidos a Transnistria, el ‘no-país’ atrapado en la era soviética!

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Por Karl Penhaul
TIRÁSPOL, Transnistria (CNN) -— Los guardias de apariencia severa nos rechazaron la noche anterior. La entrada está categóricamente prohibida a Transnistria.¿Trans… qué? Transnistria es un Estado secesionista al que ningún país soberano reconoce. Es una franja de tierra atrapada entre Moldavia y Ucrania con superficie apenas mayor que Rhode Island.

“No pueden entrar. En este momento no hay permisos para los extranjeros y no hay permisos para periodistas”, dijo el guardia fronterizo de Transnistria que portaba un gorro puntiagudo con una insignia soviética.

Era más de medianoche y estábamos demasiado cansados como para discutir. Para ser honestos, nos lo esperábamos.

Una semana antes, las autoridades de Transnistria aceleraron los trámites de nuestra solicitud de visas de periodista para reportar desde el interior de su territorio.

En vez de esperar los 10 días que requiere el procedimiento, las autoridades respondieron en 36 horas. Fue un “no” veloz.

Transnistria se separó de la ex república soviética de Moldavia tras la guerra de dos años (de 1990 a 1992) que estalló cuando la Unión Soviética se hundió. Los rusos regresaron a Transnistria —ubicada en la margen oriental del río Dniéster— pero nunca la reconocieron como Estado independiente.

Se convirtió en una tierra en el limbo.

Más de una década después y después de que las tropas rusas ocuparan la región ucraniana de Crimea, el general Philip Breedlove, comandante militar de la OTAN, advirtió que Moscú podría tener la mira puesta en otros blancos.

Los servicios de inteligencia occidentales muestran que han llegado decenas de miles de soldados rusos a la frontera oriental de Ucrania.

‘Un conflicto congelado’
Breedlove insinuó que la fuerza —que cuenta con el respaldo de tanques y helicópteros de combate— era lo suficientemente numerosa como para cruzar Ucrania de este a oeste y entrar en Transnistria.

El general describió que este era uno de los “conflictos congelados” de Rusia —una disputa territorial y política no resuelta— que el gobierno ruso podría reiniciar en cualquier momento en un intento por expandir su influencia en la región.

Al igual que los generales rusos y estadounidenses, analizamos nuestro mapa y buscamos los caminos secundarios y rutas alternativas que conducen al país autoproclamado.

Decidimos tratar de entrar como turistas: nuestro objetivo era el Equator, un conocido club nocturno en la ciudad fronteriza de Bender.

En nuestro intento por entrar, esta vez desde Moldavia, vertimos media botella de brandy local en el piso de nuestra furgoneta para que oliera a fiesta.

Tal vez nuestro parloteo aburrió a los guardias, tal vez se creyeron la idea de que la vida nocturna de Transnistria era un gran atractivo para los fiesteros internacionales. Tras una larga espera, nos indicaron que podíamos pasar.

Mientras pasábamos frente a los complejos de industria pesada en decadencia y a los derruidos edificios de departamentos de la era soviética, quedó claro que Transnistria necesitaba algo más que un club nocturno de moda para darle un toque de glamour.

En la entrada del Equator, nos informaron que para esa noche se había planeado un evento de pintura corporal y un concurso para ganar bebidas gratis. Las reglas no parecían muy claras. Nos dirigimos a dormir en la capital, Tiráspol.

Mi última aventura de tragos en un antiguo Estado soviético había terminado mal.

Una semana antes, en la frontera noreste de Ucrania con Rusia, un comandante de un tanque ucraniano había abierto una lata de tomates en conserva, nos ofreció unos huevos crudos y abrió una botella de vodka casero.

Cuando el vodka de frutas se acabó, terminamos la fría noche en una madriguera bebiendo un líquido turbio de una botella de plástico.

Antes de que quedara inconsciente, el soldado explicó que era el líquido para limpiar los componentes electrónicos del tanque.

No deseaba repetir eso en Transnistria.

Atrapados en el tiempo
Mientras nos dirigíamos al centro de Tiráspol, el domingo por la mañana, Transnistria se desveló como un lugar atrapado en el tiempo.

El martillo y la hoz aún figuran orgullosamente en la bandera de Transnistria. Una estrella soviética corona el edificio del Ayuntamiento y unas calles más adelante se alza una estatua de Lenin como si fuera un ángel guardián.

Las calles tienen nombres de iconos revolucionarios: Marx, Engels, Lenin. También existe una “calle Comunista”. En un mercado de pulgas, los ancianos intercambian insignias de gorras y chaquetas del ejército soviético. Muchas personas aún extrañan los días de gloria de la Guerra Fría.

“Claro que con la Unión Soviética estuvo bien. Queríamos estar con Rusia y aún queremos estar con Rusia”, me dijo una anciana. Se abrazó para explicar cómo se había sentido protegida bajo la antigua URSS.

Viktor, uno de los hombres que vendían recuerdos militares soviéticos, agregó: “Esos días eran buenos, pero sabemos que no podemos volver atrás en el tiempo. Sin embargo, queremos unirnos a Rusia ahora y establecer una zona de libre comercio”.

“No queremos ser parte de Moldavia. Ellos solo toman el dinero para meterlo en sus bolsillos”, agregó.

Pro-Rusia

Al hablar con la gente del lugar es difícil entender por qué los jefes de la OTAN advertían de una inminente invasión rusa en Transnistria. Las puertas parecen estar abiertas de par en par para darles la bienvenida.

“Que vengan. Aquí la gente está a favor. Si vienen las fuerzas armadas rusas todos gritarán: ‘Hurra'”, dijo una rubia parlanchina.

Los habitantes de Transnistria han pedido en varias ocasiones que se les permita unirse a la Federación Rusa.

El gobierno ruso no ha reconocido la independencia de Transnistria e insiste en que primero debe resolver su disputa con Moldavia.

Tras la anexión de Crimea, algunos analistas políticos y militares creen que Rusia tal vez se esté preparando para reubicar algunas de las fronteras de Europa del Este sin consultar a nadie.

Lejos del mercado de pulgas se encuentra La Dolce Vita, una cafetería callejera estilo italiano en el que solo se sirve café instantáneo y distintos pasteles azucarados.

Katya estudia Derecho y su novio Sergei estudia tecnologías de la información; estaban inmersos en una demostración pública de afecto. Su mente estaba más enfocada en el amor que en la guerra. Sin embargo, hicieron una breve pausa para responder algunas preguntas.

“Si los rusos vienen no sería una tragedia en absoluto. Las fuerzas armadas rusas ya están aquí”, dijo Sergei. La pareja agregó que tenían la intención de ir a Rusia cuando se graduaran para buscar un trabajo bien remunerado. Dijeron que era difícil encontrar un buen trabajo en Transnistria.

Cuando menguó la influencia soviética, una nueva influencia se cernió en Transnistria: la de la economía del Salvaje Oeste.

Un exagente de la KGB y expresidente parece ser uno de los empresarios más importantes de la ciudad. Se hace llamar Sheriff y tiene una cadena de supermercados, gasolineras e incluso es dueño del principal equipo de futbol de Tiráspol. Hay otros empresarios que tal vez no estén tan actualizados. Los economistas internacionales a menudo describen a Transnistria como un Estado cuyas fortunas se amasaron por medio del contrabando de bebidas alcohólicas y tabaco y la venta de viejas armas soviéticas.

En el campo, Anna Ivanna no entiende los tratos debajo del agua. La encontré limpiando la hierba en su pequeño viñedo. Dice que su tierra es perfecta para cultivar uvas orgánicas. Una parte la usa para producir Kvnit, una especie de coñac de Transnistria.

Ella cree que el formar parte de Rusia generará mayores beneficios económicos como energía más barata, especialmente gas natural ruso para la calefacción de su casa y para el uso de la industria local. También ha escuchado que las pensiones rusas son cuatro veces mayores que las de Transnistria.

“¿Por qué necesitamos a Europa? Para nosotros es bueno ser parte de Rusia. Tal vez Europa está bien para los jóvenes”, dijo.

Los soldados rusos nunca se fueron de Transnistria después de la guerra de

independencia de Moldavia que se libró entre 1990 y 1992.

Un contingente de unos 1.200 soldados ocupan las bases y los retenes en las carreteras de la región, otro indicio de que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, no necesita invadir porque sus tropas ya están aquí.

A las afueras de la capital, nos atrevemos a entrar en otro complejo de departamentos de la era soviética.

En un muro hay una frase sencilla y poética pintada en inglés. Podría ser el lamento de unos amantes desafortunados o tal vez sea un indicio de la situación política.

“Te amo. Pero, ¿por qué te amo?… Nunca lo sé”.

Un mensaje de Transnistria para Rusia, con amor.

http://cnnespanol.cnn.com/2014/04/12/bienvenidos-a-transnistria-el-no-pais-atrapado-en-la-era-sovietica/

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